Salvador Martínez Tarín
EL ARTE COMO EXPRESIÓN
Desde bien pequeño me ha sorprendido el arte.
Me ha emocionado la música, la danza, la literatura, el teatro, la poesía, el cine, la pintura y, sobre todo, la escultura. También me he sentido atraído por el sub-arte y el seudo-arte.
He obtenido mi propio sentimiento desde el disfrute de cada obra. Y en cuanto tengo oportunidad, cultivo mis relaciones personales con gente vinculada al arte.
Me esfuerzo para conectar con el mensaje que cada autor emite, que no es un mensaje como idea, es un mensaje como emoción transmitida que requiere una contratransferencia del receptor en forma de introspección, aplauso, rechazo, buena o mala critica, difusión u olvido.
He intentado tener un entendimiento de espectador interesado que también propone, si existe convocatoria artística, para poder convertirme en parte de la obra propuesta. Aunque aparentemente pueda desmerecer. Intento la integración como parte de la significación que el arte me comunica.

No estoy seguro de haber conseguido devolver mi sentimiento, con entendimiento como un espectador con interés y sinceridad en la comunidad lingüística, pero sí estoy seguro de haberlo intentado siempre. Sin duda mi arte es deudor de este esfuerzo o conexión con el arte que he vivenciado.
También he observado la crítica del arte, las corrientes artísticas y la historia del arte.
Considero el arte como una parte principal de mi curiosidad.
Mucho se ha escrito sobre el arte, su definición y alcance, pero no se puede dudar que el arte es una forma de comunicación entre los humanos, una forma de lenguaje que va más allá de las palabras y de los gestos que se nos aparecen como recurso natural para una socialización ordenada o, como a algunos les gusta llamar, normativa, dentro de los márgenes.
El arte está más allá. Como si no fuera para todos. Como si fuera solo para los artistas verdaderos y los que entienden de arte, lejos de la base universal de la comunidad actual. Pero no es así. Expresarse con arte en cualquiera de sus modos está al alcance de todos los que lo quieran hacer y de todos los que lo quieran conocer. Llegar al más allá depende de cada uno de nosotros.
No creo que el arte imponga a nadie la reverencia.
Todo mejora, si consideramos al arte una herramienta adecuada para expresar la emoción. Los humanos somos capaces de expresar una emoción con arte. Desde el cuadro en blanco hasta la cartulina manchada con una mota negra, que igual podría ser una mariposa, que una tortuga, que una pesadilla, cada imagen con su propia significación. Vale para un poema, un acorde o el cartel que anuncia una película. El arte se ejerce de muchas formas y la clave está en elegir la que mejor te ayude a poner de manifiesto el sentimiento, la emoción, tu mensaje.
El que quiera puede expresar sentimientos mediante su propio arte. Pero está no es una disciplina obligatoria. Nada obliga a comunicarse por el arte, ni como forma de expresión ni como forma de conocimiento para el espectador de una obra de arte. La expresión artística es idónea para expresar sentimientos que no tienen sitio entre las palabras. La crítica siempre existe y existirá.
No es real que el talento sea una exigencia para ejercer el arte. Tampoco la formación académica como única fuente de la que se hidrata el artista. Los límites del preciosismo realista han sido superados por el absurdo surrealista, que niega los límites y propone la deformación de la materia para expresar la intensidad del sentimiento. Lo mismo que el color, que yo considero el medio principal para excitar la curiosidad del público que lleve al entendimiento. Por el camino que cada espectador elija.
Con estas premisas, libremente, me he entrometido en el arte con una exposición de pintura, escultura y escritura ¿Primera? ¿Única? ¿Última? Las dudas aturden mi pensamiento ¿Tengo la necesaria originalidad? ¿Soy suficientemente claro con el mensaje? ¿Consigo el reciproco entendimiento?
Por suerte, al mismo tiempo de la inauguración, he tenido acceso a el ensayo de Léon Tolstói ¿Qué es el arte? Publicado en 1898. Esta artista de la literatura rusa ofrece una completa reflexión sobre el arte, sus origines y características, desde su punto de vista cristiano libertario y anarco pacifista.
Tolstói identifica el verdadero arte con aquellas obras que parten de lo bueno y de lo bello, que producen un determinado placer, y responden a la más elevada moral social de cada época. Declara arte verdadero el religioso, mientras reprocha el mercantilismo surgido del mecenazgo del renacimiento, consecuencia de la pérdida de fe por las clases altas de aquella sociedad. Denuncia la sumisión del arte al placer mundano, a una búsqueda infinita de la felicidad por medio de la satisfacción de los deseos, incluyendo una expresa referencia al factor sexual. El paso contemporáneo de lo analógico a lo virtual me ha demostrado la fortaleza de algunas de aquellas ideas ilustradas de finales del XIX.
La novedad, los adornos, el efecto sorpresa y la excitación de la curiosidad son métodos empleados por los artistas para comunicar sus emociones, transferir sus sentimientos, contagiar al público con su mensaje cumpliendo los tres requisitos fundamentales de toda obra de arte: singularidad, claridad y sinceridad.
La severidad que Tolstói exige al artista le lleva a dedicar un capítulo de su ensayo a describir la obra de Wagner como un “modelo perfecto de falsificación del arte” para concluir más adelante, trastornado por un delirio dadaísta anticipado en el tiempo, con una renuncia a su propia obra que encuadra toda ella (…) como arte malo, salvo un cuento “Dios ve la verdad” que eleva a única de sus obras que cataloga como válidas.
Tolstói termina profetizando sobre lo que debe ser el arte del futuro, que podría ser perfectamente nuestro presente.
Desde un universalismo humanista declara que el arte del futuro no lo practicarán artistas profesionales, sino que lo practicarán los hombres que lo deseen y solo se ocuparán de él cuando les apetezca realmente. Y, pontifica, “…El artista del futuro vivirá pues, la misma vida que el resto de los mortales, ganando su pan con un oficio cualquiera. Y, de ese modo, al conocer la realidad de la vida, se esforzará en transmitir el mayor número posible de hombres los dones que la naturaleza le ha concedido: esta transmisión será su alegría y su recompensa.
El templo del arte no será templo hasta que no se expulse a los mercaderes de él…”
A Tolstói le debo poder identificarme como artista de su futuro. No es mucho, pero algo es algo. No pretendo vivir del arte. He decidido emplear el arte para expresar mis sentimientos. Soy sincero e intento ser original. También quiero ser lo más claro que me permita mi afición por el abstracto como única forma que entiendo para superar el absurdo de la verdad verdadera. Desde luego no estoy de acuerdo con la existencia de un arte verdadero, ni con la creencia en esa verdad absoluta que anega el entendimiento con el barro de la religión.
Sea cual sea el juicio que el público dé a mi presunta condición de artista, lo que si tengo claro es que me acompaña la suerte de poder hacer lo que deseo. Y propongo un cuarto requisito para que exista el arte: ser una expresión de libertad.
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